sábado, julio 18, 2009
viernes, julio 17, 2009
miércoles, julio 15, 2009
NUNSPLOITATION: SCHOOL OF THE HOLY BEAST
Nunsploitation. Vaya palabrita. Una de las cosas buenas de los blogs es que uno descubre rarezas antes de que éstas se conviertan en conocimiento de todo hijo de vecino gracias a los periódicos. Una de estas curiosidades por mí descubiertas, no digo que no haya sido a destiempo, es la variante del género de acción o de terror "exploitation", que literalmente quiere decir “abuso” o “explotación”.
Un vistazo a la wikipedia arroja numerosas variantes de cine exploitation. Es más, en sentido estricto cualquier película explota algo (un actor, un género, unos efectos especiales…). El género exploitation parece encontrar su sentido cuando lo que se explota es a otra persona, de ahí la vertiente sexploitation o de abuso sexual por medio de la tortura. El género, cuyos antecedentes parecen ser tan antiguos como el cinematógrafo, afloró sobre todo en los años 60 y 70, consumado ya el declive del cine frente a la televisión, e intentando sobre todo plantear una variante más atrevida para el tradicional cine de terror. En el cine exploitation hay mucho drama, mucha violencia y mucho erotismo soft, y si a eso además le añadimos unos castillos encantados o unas vampirillas calentorras tenemos una película argumentalmente intrascendente, pero quizá muy sabrosa de ver.
Otra variante, extremadamente curiosa, es la nunsploitation: las monjas (nuns) son las protagonistas de toda clase de morboseos, humillaciones y vejaciones. Con tres grandes protagonistas por lo general: la Madre Superiora, el demonio y la Inquisición. El ambiente gótico de los conventos, además de la represión sexual en que viven estas desdichadas y el miedo a pecar convierten el género en un batiburrillo de situaciones fantásticas y/o calenturientas. Vamos a centrarnos en dos de estas curiosas películas que he visto recientemente: The School of the Holy Beast (Norifumi Suzuki, 1974) y Satánico pandemónium o La sexorcista (Gilberto Martínez Solares, 1975).
School of Holy Beast es una obra maestra menor que uno puede ver, ciertamente, sin ninguna indulgencia gracias a la poderosa belleza formal que desprende de principio a fin. No es por ello extraño que haya sido considerada hasta la fecha como la obra maestra del género nunsploitation. En realidad, el mérito de esta película consiste en que es un film japonés, y cualquiera que se haya aproximado un poco a la cultura japonesa sabe que este pueblo tiene una longeva tradición en abordar el terror en cualquiera de sus manifestaciones artísticas. Posiblemente la obra maestra del cine de fantasmas (y es difícil aseverar esto, pero es verdad) sea el poético y genial film Kaidan/El más allá (Kobayashi, 1964).
De la misma manera, no son concebibles las altas cimas estéticas de los cómics de Suehiro Maruo sin una rica tradición de ilustradores nipones que hicieron del terror y la tortura el motivo de su arte, un arte ciertamente perturbador pero conectado profundamente con los estímulos fundamentales de la sensibilidad artística. El film está dirigido por Norifumi Suzuki (1933), cineasta japonés especializado en cine de acción y violencia con altas dosis de erotismo, autor también de las celebradas Terrifying Girls School: Lynch Law Classroom y Sex and Fury (ambas de 1973). Considerado un clásico en Japón, Suzuki es un destacado representante de un fenómeno muy nipón que apenas llega a estas riberas de occidente y nos encandila, como siempre sucede, con la fuerza y singularidad de las extrañas fijaciones eróticas y obsesiones culturales del pueblo del sol naciente.
Como suele suceder con la serie B y hasta Z, Suzuki convierte un argumento de derribo en algo muchísimo más interesante, sobre todo por la elaborada belleza de las imágenes del film. La protagonista es Maya Takigawa, una jovencita liberada muy de los 70 que, para descubrir el misterio que rodea sus orígenes paternos, se introduce en el convento. Allí descubrirá que el origen de su vida fue, desde el primer momento, la consecuencia de la hipocresía y el sadismo extremos llevados a sus más radicales consecuencias. Toda la película es, ciertamente, una absurda concatenación de hechos sin demasiado sentido donde los buenos son muy buenos, y los malos, sobre todo, muy malos. Desde este punto de vista, el de la verosimilitud, la película haría aguas de no ser porque todo el film ejerce sobre nosotros una especie de embrujo visual difícilmente irresistible. Aquí, el simplismo argumental se convierte en algo definitivamente delicioso, hasta el punto de que The School of the Holy Beast es como ciertos animés donde lo más importante es la plasticidad, el ritmo y el efecto visual por encima de una historia que está más bien al servicio de complacer cierto sentido de la espiritualidad más propenso a la catarsis desnuda por cierto de la conmiseración, el terror y, como no podía ser menos, el eros.
Pero no sería justo dejar aquí la película como una intrascendente secuencia de torturas, escenas de cama y desnudos. Está también el aspecto ideológico que envuelve toda la película, está también su furiosa ideología anticatólica. Los japoneses no son católicos, sabido es de todos, por lo que en este contexto no se trata de una película que haya podido escandalizar a nadie en su país de origen. Acostumbrados a convivir en medio de muchos cultos, los católicos son para los japoneses tan curiosos como para nosotros pueda serlo un plato de sushi. Quizá más todavía. No cabe duda de que para ellos un convento de mujeres recluidas que se ven forzadas a realizar votos de castidad es caldo de cultivo para todo un cúmulo de fantasías morbosas. Pero más allá de todo esto, la película se orienta en determinado momento en una crítica de la hipocresía católica que por medio de una imposible y dolorosa sublimación sexual se convierte en todo lo contrario, poniendo sobre la mesa de manera muy explícita y a veces perturbadora las dudosas bondades de una vida de abstinencia erótica. Sólo desde este punto de vista, la película no es para católicos convencidos. Pero hay más.
Tenemos, por otra parte, la negación de Dios y el desprecio con que las sagradas insignias y formas son tratadas a lo largo del film. No entraré en detalles, pero no cabe duda de que nos hallamos ante de una de las películas más blasfemas de toda la historia del cine, y no blasfemas en el sentido inocente de un Luis Buñuel, por ejemplo, sino blasfemas y ofensivas (para quien se preste a la ofensa, claro está) desde el punto de vista en que Suzuki plantea la inexistencia de Dios ante el dolor infligido por las acciones de hombres y mujeres que se dicen representantes suyos. La bomba atómica de Nagasaki, vieja espinita que, como la de Hiroshima, los japoneses tienen todavía clavada en el corazón contra los cristianos de Occidente que se dan golpes de pecho y no follan para ganarse el cielo, aflora en un determinado momento como casus belli de incredulidad ideológica.
En definitiva, quien haya llegado hasta aquí y tenga conciencia para enfrentarse a esta bella, y en cierto modo inocente película, hará bien en descargarla de La Mula de Alejandría o comprarla en Amazon. El buen trabajo, en general, de todas las actrices encabezadas por la bonita Yumi Takigawa, y el buen ritmo que imprime Suzuki al conjunto de la historia la convierten en una obra recomendable. Para concluir, les cuelgo aquí un tubito (advierto que no es apto para todos los públicos),donde la indócil Maya es torturada nada menos que con tallos de rosa. Quien pueda conciliar de buen grado la mezcla de belleza y horror querrá ver la película completa. Va por usted, Don Melón.
viernes, julio 10, 2009
SEMANA NEGRA DE GIJÓN
Comenzó la Semana Negra de Gijón, el más grande acontecimiento literario, comiquero y gastronómico cultural del verano. Afortunados quienes estarán allí. Más información, aquí.domingo, julio 05, 2009
PHOEBE GLOECKNER EN CIUDAD JUÁREZ
Hace dos semanas estuvo la autora de cómics norteamericana Phoebe Gloeckner en Ciudad Juárez. Gracias a las habilidades del colectivo 656, Gloeckner conversó sobre su obra Diario de una adolescente con los integrantes del taller Feminizando la historieta, que organizan 656 y el colectivo Palabras de arena. Ambos colectivos promueven el conocimiento de los cómics y la literatura entre las clases más desfavorecidas de la sociedad. Merece la pena darse una vuelta por el blog Palabras de arena para conocer puntualmente las actividades que llevan a cabo estas tres heroínas del desierto (Ivonne Ramírez, Susana Báez y Laura Ramírez), quienes, en condiciones de auténtica indigencia de medios, se suben a los autobuses para leer cuentos a los niños o asisten a los centros de educación primaria para difundir la literatura. Ivonne ha prometido publicar pronto la entrevista que hicieron a Gloeckner, la cual dibuja y escribe en la actualidad una obra sobre los feminicidios en Ciudad Juárez con una beca de la fundación Guggenheim.
lunes, junio 29, 2009
viernes, junio 26, 2009
EL TÍO BORIS
Perdónenme que no les hable de Michael Jackson, pero es que no se me ocurre nada que decirles. En cambio, este miércoles 23 se cumplieron cincuenta años de la muerte de Boris Vian. Más memorabilia nostálgica, regreso de nuevo a mi adolescencia. Boris Vian, mi tío Boris, fue uno de los autores que más me marcaron la vida. Le llamo tío Boris porque es como de la familia. Ahí están esos grandes e ilustres desconocidos que surgen del cine o del papel y te marcan para siempre en el momento determinado, como los parientes con sus mejores enseñanzas. Podría pasarme horas hablando del tío Víctor, del tío Boris, del tío Henry, del tío Raoul, del tío Blaise, del tío Benito… Recuerdo mi primera novela de Boris Vian: La hierba roja, comprada en un saldo en Benidorm a los quince años. Una bella historia de amor en un marco imposible, porque muchos argumentos de Vian eran imposibles en escenarios imposibles. Con el tío Boris aprendí que la realidad a veces sólo puede ser comprendida cabalmente por medio de la ficción. Y recuerdo algunos viernes invernales, por la murciana tarde húmeda y oscura que te calaba en los huesos, cuando mi amigo Pepe Ramos y yo acudíamos a cierta librería de Murcia a robar libros de Bruguera. Eran tiempos sin códigos de barras ni controles policiacos en las librerías. Creo que no existía ni la SGAE. Robábamos libros como locos, que introducíamos en la cintura del pantalón y cubríamos con la camisa y el abrigo por encima de todo (qué quieren, la magra paga semanal de los papis se iba en las cervezas y el vino). Pocos libros pueden ser tan dulces como los robados a los quince años: El otoño en Pekín, Las hormigas, Vercoquin y el Plancton, El arrancacorazones… Recuerdo con especial cariño El otoño en Pekín, sobre unos individuos que construían una línea ferroviaria en un desierto por el que jamás cruzaba nadie. Es célebre la broma de que ni la novela transcurría en otoño ni en Pekín. El surrealismo más puro.
Y qué decir de aquellas novelas negras llenas de humor y crueldad que el tío Boris escribió con el seudónimo de Vernon Sullivan: Escupiré sobre vuestra tumba, Que se mueran los feos, Con las mujeres no hay manera... Verdaderas delicias que improvisaba en breve tiempo mi tío Boris. La leyenda asegura que Escupiré sobre vuestra tumba la escribió en un fin de semana. Luego la novela fue un escándalo en Francia, y el tío Boris se convirtió en objeto de ataque continuo. Cuando publicaba una nueva novela de las “serias”, el plumilla de algún periódicucho escribía “Boris Vian vuelve a escupir sobre nuestra tumba”. Coetáneo y amigo de Sartre y Camus, su irreverencia y frescura le alejaba en forma y fondo de la literatura "seria"de su tiempo, aunque abordase de manera tangencial los mismos temas que la desolación de la posguerra hizo carne de palabras.
Boris Vian, genio lleno de humor, poesía y vitalidad, precoz en todo, músico y crítico de jazz y él mismo al final actor de cine y cantante. Otro escándalo tardío fue su canción El desertor. Nunca olvidaré aquellos tiempos pre-internáuticos de los años 80 en que no existían el e-mail, ni el Ares ni El tubo, cuando el mundo no era un pañuelo sino un lugar muy grande, y muy desconocido que no te permitía, salvo a Corto Maltés, vivir dos vidas en dos continentes. Recuerdo que un primo de mi amiga La Tere (Tere: ¿adónde, adónde, adónde estarás...?) había tenido una novia francesa, en Francia, y de allí nos trajo un tesoro inencontrable en toda España: una cinta de casette pirata con canciones de Boris Vian. Ella y yo escuchamos entonces El desertor durante algunas noches de verano en que yo no me atreví a declararle mi amor. Escuchábamos El desertor hasta ver amanecer bebiendo las botellas de vino que sustraíamos de la bodega de su madre, que no se enfadaba porque era una madre liberal. Liberal de las de antes, debo añadir.
Boris Vian era un ejemplo paradigmático del hombre que sabe que su vida se termina poco a poco y que debe aprovechar hasta el último instante. Como el Bolaño que escribió 2666, Vian vivió apurando la copa de la literatura y de la vida, pues sabía que no habría una nueva ronda al volver el recodo del camino. Y que ese recodo estaba ya allí, ante sus ojos. Enfermo desde los doce años de una dolencia cardiaca que se lo llevó a la tumba a los 39 años, la obra de Boris Vian ha sido engrandecida por el tiempo y fue objeto de culto durante los años 60, cuando en Francia había dos temas de moda: el cine de James Bond y la literatura de Boris Vian. Pues el miércoles se cumplieron cincuenta años sin el tío Boris. Queda su obra, de la que hace cerca de veinte años que no visito ninguna de sus iglesias de palabra. Quizá estas próximas semanas traigan el momento precioso de volver a tumbarse sobre la hierba roja o de pasar un veraniego otoño en Pekín.
Aquí les cuelgo la letra original de El desertor, tanto en francés como en su traducción al español tomada de aquí. El tubo de antes, con fotos del tío Boris, tiene subtítulos en inglés. ¿Qué más pueden pedir de su viejo Pobresor?
LE DÉSERTEUR
Monsieur le président
Je vous fais une lettre
Que vous lirez peut-être
Si vous avez le temps
Je viens de recevoir
Mes papiers militaires
Pour partir à la guerre
Avant mercredi soir
Monsieur le président
Je ne veux pas la faire
Je ne suis pas sur terre
Pour tuer des pauvres gens
C'est pas pour vous fâcher
Il faut que je vous dise
Ma décision est prise
Je m'en vais déserter
Depuis que je suis né
J'ai vu mourir mon père
J'ai vu partir mes frères
Et pleurer mes enfants
Ma mère a tant souffert
Elle est dedans sa tombe
Et se moque des bombes
Et se moque des vers
Quand j'étais prisonnier
On m'a volé ma femme
On m'a volé mon âme
Et tout mon cher passé
Demain de bon matin
Je fermerai ma porte
Au nez des années mortes
J'irai sur les chemins
Je mendierai ma vie
Sur les routes de France
De Bretagne en Provence
Et je dirai aux gens:
« Refusez d'obéir
Refusez de la faire
N'allez pas à la guerre
Refusez de partir »
S'il faut donner son sang
Allez donner le vôtre
Vous êtes bon apôtre
Monsieur le président
Si vous me poursuivez
Prévenez vos gendarmes
Que je n'aurai pas d'armes
Et qu'ils pourront tirer
EL DESERTOR
Señor presidente
Le escribo esta carta
Que quizá lea usted
Si tiene tiempo
Acabo de recibir
La orden militar
Para ir a la guerra
El próximo miércoles
Señor presidente
No voy a hacerlo
No vine a este mundo
Para matar pobre gente
No quiero que se enfade
Pero he de decirle
Que mi decisión es firme:
Voy a desertar
Desde el día en que nací
He visto morir a mi padre
Partir a mis hermanos
Y llorar a mis hijos
Mi madre sufrió tanto
Que ya está bajo tierra
Se ríe de las bombas
Y hasta de los gusanos
Cuando estuve preso
Me robaron la mujer
Me robaron el alma
Y todo mi pasado
Mañana muy temprano
Les cerraré la puerta
A aquellos años muertos
Y me echaré al camino
Pediré limosna
Por las rutas de Francia
De Bretaña a Provenza
Y les diré a las gentes:
«Niéguense a obedecer
Niéguense a colaborar
No vayan a la guerra
Niéguense a partir»
Si hay que derramar sangre
Derrame usted la suya
Pues tan buen apóstol es
Señor presidente
Si ordena que me busquen
Dígales a sus agentes
Que no llevaré armas
Que pueden disparar
Monsieur le président
Je vous fais une lettre
Que vous lirez peut-être
Si vous avez le temps
Je viens de recevoir
Mes papiers militaires
Pour partir à la guerre
Avant mercredi soir
Monsieur le président
Je ne veux pas la faire
Je ne suis pas sur terre
Pour tuer des pauvres gens
C'est pas pour vous fâcher
Il faut que je vous dise
Ma décision est prise
Je m'en vais déserter
Depuis que je suis né
J'ai vu mourir mon père
J'ai vu partir mes frères
Et pleurer mes enfants
Ma mère a tant souffert
Elle est dedans sa tombe
Et se moque des bombes
Et se moque des vers
Quand j'étais prisonnier
On m'a volé ma femme
On m'a volé mon âme
Et tout mon cher passé
Demain de bon matin
Je fermerai ma porte
Au nez des années mortes
J'irai sur les chemins
Je mendierai ma vie
Sur les routes de France
De Bretagne en Provence
Et je dirai aux gens:
« Refusez d'obéir
Refusez de la faire
N'allez pas à la guerre
Refusez de partir »
S'il faut donner son sang
Allez donner le vôtre
Vous êtes bon apôtre
Monsieur le président
Si vous me poursuivez
Prévenez vos gendarmes
Que je n'aurai pas d'armes
Et qu'ils pourront tirer
EL DESERTOR
Señor presidente
Le escribo esta carta
Que quizá lea usted
Si tiene tiempo
Acabo de recibir
La orden militar
Para ir a la guerra
El próximo miércoles
Señor presidente
No voy a hacerlo
No vine a este mundo
Para matar pobre gente
No quiero que se enfade
Pero he de decirle
Que mi decisión es firme:
Voy a desertar
Desde el día en que nací
He visto morir a mi padre
Partir a mis hermanos
Y llorar a mis hijos
Mi madre sufrió tanto
Que ya está bajo tierra
Se ríe de las bombas
Y hasta de los gusanos
Cuando estuve preso
Me robaron la mujer
Me robaron el alma
Y todo mi pasado
Mañana muy temprano
Les cerraré la puerta
A aquellos años muertos
Y me echaré al camino
Pediré limosna
Por las rutas de Francia
De Bretaña a Provenza
Y les diré a las gentes:
«Niéguense a obedecer
Niéguense a colaborar
No vayan a la guerra
Niéguense a partir»
Si hay que derramar sangre
Derrame usted la suya
Pues tan buen apóstol es
Señor presidente
Si ordena que me busquen
Dígales a sus agentes
Que no llevaré armas
Que pueden disparar
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